
Estados Unidos se está quedando sin viento, según las conclusiones preliminares de una investigación que será publicada en el Journal of Geophysical Research. El estudio atribuye el hecho al calentamiento global, pero sus autores volcaron en la prensa una carretilla de ambigüedades sobre las cuales volverán en el futuro: “Lo que yo quise decir…”
“Es un fenómeno de gran alcance”, afirma el profesor Eugene Takle, de la Universidad Estatal de Iowa, coautor del estudio. “En algunas zonas del Medio Oeste se verificó una caída de 10 por ciento en una década”, tanto en los promedios como en los picos de velocidad. El estudio señala que los datos coinciden con una tendencia que se verifica desde 1973.
Según Sara Pryor, científica de la Universidad de Indiana que participó de la investigación, “las estaciones que bordean los Grandes Lagos parecen haber experimentado los mayores cambios. Eso probablemente sea causado porque hay menos hielo en los lagos y el viento alcanza mayores velocidades sobre el hielo que sobre el agua”.
Pryor afirmó que allí donde la velocidad promedio del viento disminuye 10 por ciento se dispone de 30 por ciento menos de energía eólica, aunque “de momento sería prematuro modificar los planes de desarrollo de energía eólica”. Takle intentó achicar el pánico con una confesión: el equipo científico obtuvo la mayoría de los datos de los anemómetros de los aeropuertos, que están a una altura de 9 metros, aproximadamente. Las turbinas de viento, en cambio, están en general a 75 a 120 metros, “donde los vientos tienen un comportamiento totalmente diferente”, dijo al New York Times. Por ahora las peores noticias son para –además de los fabricantes de velas- los chacreros del Medio Oeste, pues la disminución del viento produce un aumento de la temperatura, afectando los cultivos de maíz.
El estudio se apoya en conclusiones similares de investigaciones realizadas en Europa y Australia en los últimos años. Además, como dijo Eugene Takle, se ajusta a cómo funciona el clima. En el proceso de calentamiento global la temperatura de los polos está aumentando más rápidamente que la del resto del planeta. En tanto las temperaturas de los polos y la del ecuador se acercan entre sí, lo mismo sucede con las marcas del barómetro. Las grandes diferencias en la presión del aire son el factor principal de los fuertes vientos. Por el contrario, si las diferencias se acortan el viento se enlentece.
Los autores de la investigación no son ajenos al hecho de que los modelos climáticos computarizados no avalan sus conclusiones. También reconocieron que los instrumentos de medición han evolucionado mucho desde 1973 a la fecha, aunque afirman haber compensado ese factor. Por último, Takle mencionó la reforestación como posible causa de la disminución de la velocidad del viento, citando un trabajo de la FAO de 2005 cuyo archivo está hecho pino. Terminaría este post diciendo “Dejemos hablar al viento”, pero perdería autoridad moral para mofarme de los lugares comunes ajenos. Es una pena porque quedaba bárbaro.
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