
El valle de Michacheo, en Argentina, está enclavado en una región semidesértica de la sureña provincia de Neuquén. A pesar de la falta de agua en superficie, la zona desarrolló la producción agrícola ganadera al disponer de las aguas servidas de la ciudad de Zapala para el riego. Hace diez años se realizaron obras de saneamiento que entubaron la mayor parte de los efluentes de Zapala y en consecuencia los establecimientos agrícolas del valle se marchitaron. El agua que pueden proveer los molinos tradicionales es insuficiente para la producción intensiva, aun a pequeña escala. En ese contexto no es de sorprender que la instalación de una pequeña turbina de viento en un predio del valle de Michacheo (“tierra del tesoro”, en mapuche) fuera motivo de celebración.
“El EPEN (Ente Provincial de Energía de Neuquén) tiene una línea de distribución que está totalmente saturada y no tiene prevista su ampliación”, me explica el ingeniero Osvaldo Franco, responsable de energía eólica del área de Energías Renovables del INTI. “Esa fue la razón por la que comenzamos a estudiar las posibilidades de proveer de energía al valle para el regadío, ya que el tema agua de riego en Zapala es crucial”.
El sistema piloto consiste en un aerogenerador tripala IVS 4500 -fabricado por la empresa argentina Invap-, de 4,5 kW, montado en una torre de 9 metros de altura. Trabaja con una potencia de viento nominal de 45 km/h y su diámetro de hélice es de 4,5 metros. El aerogenerador alimenta una bomba de 1,5 kW, que a su vez carga un tanque australiano de 25.000 litros, desde el cual el agua es distribuida a los invernaderos y potreros del establecimiento, que tiene 6 hectáreas.
“Respecto a la máquina que está instalada, es la máquina piloto”, aclara el ingeniero. “Cuando tengamos los datos de los demás parámetros, tales como caudal del acuífero, potencia eólica y otros, definiremos la cantidad de máquinas a instalar con sus respectivas bombas. Así se definirá un sistema de riego que garantice la sustentabilidad del proyecto”, agrega, enfatizando la palabra sustentabilidad. La posibilidad de disponer de agua a bajo costo es un estímulo para ampliar los rubros actuales y diseñar nuevos emprendimientos, sobre todo en una zona donde hay numerosas cooperativas de producción.
Esto “no es sólo para el regadío sino que se transformó en un proyecto productivo, con la creación de fuentes de trabajo para los zapalinos”, culmina Franco.
Al decir de Segundo Hernández, dueño de la chacra donde se realiza la experiencia piloto, “sólo debemos esperar que sople buen viento”.
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