
El invierno pasado publiqué en el mensuario Post esta nota y me sorprendió el impacto que tuvo. Esta mañana, al ver que el termómetro marcaba 4º C me pareció oportuno postear un ladrillazo de papel. Ahí va.
El papel que habitualmente desechás puede tener por destino la generación eficiente de calor en tu casa, si tenés chimenea o salamandra. La sustitución de leña por ladrillos de papel, de fácil elaboración, representa solo un pequeño ahorro en la economía familiar, pero constituye una sana actitud conservacionista.
En todo el Mercosur hay ONG que desarrollan importantes programas de reciclaje de papel y cartón con fines sociales. Sin embargo, si no estás vinculado a ninguna red de acopio de papel, aún tenés una alternativa a escala doméstica para el papel de desecho.
Habitualmente desechamos el papel en forma de diarios, bolsas, boletas, cedulones, avisos de corte, amenazas de financieras, anónimos, cuadernos viejos y cartas de desamor, sin contar el A4 de la impresora, buena parte del cual va rápidamente a la papelera. Así nos deshacemos, cada día, de abundante combustible gratuito. Sin embargo, vale la pena “ampliar la matriz energética”, por usar una frase muy repetida en estos tiempos –sobre todo por mí-, incorporando a las fuentes de energía habituales el papel destinado al contenedor de basura. No te voy a proponer que, como en Fahrenheit 451, derrames petróleo sobre los libros (no todos, al menos) y los hagas arder, pero sí que veas al papel como una nueva fuente de calor. Solo se necesita un empujón inicial de 232,77 grados centígrados.
Una vieja tecnología
El procedimiento para la fabricación de los ladrillos consiste en cortar el papel (evitá el satinado, pues al quemarse despide un olor desagradable) y el cartón en trozos y remojarlo estos en agua durante cuatro días para ablandar la celulosa. (Es importante no excederse de ese plazo, pues el mosquito Aedes aegypti tiene preferencia por los recipientes con agua limpia para poner sus huevos, los cuales eclosionan al quinto día. Por lo demás, cuatro días es suficiente para ablandar el papel.)
Al cuarto día, entonces, el material es retirado del recipiente y prensado en un molde, para quitarle el exceso de agua. El secado completo insume un par de días en verano y unos cuantos más en invierno, a menos que dispongas de un lugar cubierto y soleado o puedas estibar los ladrillos cerca de una fuente de calor.
En la ilustración de arriba se puede apreciar el modelo de prensa que utilicé. Se trata de una caja de chapa o planchuela cuyo fondo y tapa son desmontables. Tiene 23 centímetros de largo, 12 de altura y 9 de ancho. La prensa se rellena de papel mojado; luego se coloca la tapa y se cruzan las manijas. Alcanza tan solo con descansar el peso del cuerpo -en mi caso 77 kilos- en las manijas para que el papel se comprima hasta formar una sola pieza. Luego se retira la tapa y se invierte la prensa, empujando la rejilla de la base de manera de expulsar el ladrillo. Toda la operación insume unos dos minutos.
Se pueden construir prensas más pequeñas o de otros materiales, como madera, así como utilizar cualquier molde rígido que pueda escurrir el agua. Es más, hasta se puede probar la eficacia del papel prensado como combustible simplemente comprimiendo la pasta de papel con las manos, dándole forma esférica o ligeramente alargada. Pero volviendo a la prensa en la cual basé mi experiencia, con ella se producen ladrillos de papel de unos 300 gramos de peso. No vas a sustituir la leña ni mucho menos, pero le vas a dar un poco más de vida a algún árbol, que no es poco.